“En el conflicto colombiano no hay diferencias raciales o religiosas, eso lo hace aún más absurdo”

Posted on August 8, 2012

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GENTEDurante su visita al país, Immaculée Ilibagiza pronunció estas palabras para referirse al conflicto en Colombia. Esta ruandesa, que fue testigo de la muerte de toda su familia durante el genocidio en su país y que perdonó al asesino, habló sobre el perdón y la reconciliación.

Miércoles 8 Agosto 2012
La semana pasada estuvo en Colombia, en el importante Foro por la Reconciliación que organizaron diferentes instituciones, Immaculée Ilibagiza, sobreviviente del genocidio de Ruanda de 1994, para dar su testimonio de perdón, reconciliación y esperanza. Se hizo famosa por su libro “Sobrevivir para contarlo”, best seller mundial, traducido a más de 17 idiomas, en el que relató cómo logró salvarse de la masacre de su etnia tutsi por parte de la mayoría hutu, al permanecer escondida en un pequeño baño, junto a otras siete mujeres, durante tres meses.
Pero más que describir lo que fueron aquellos días de aterrador encierro, Immaculée contó cómo logró entender y perdonar a los que mataron a sus padres, hermanos, tíos, primos, a toda su familia y amigos. Logró hacerlo aún antes de salir de aquel baño y poco tiempo después visitó la cárcel donde estaban los victimarios de su gente. Por información del director del penal, supo quién fue el asesino de sus padres y para sorpresa de aquel hombre, le dijo que lo perdonaba. Este gesto le enseñó al carcelero que el perdón aliviaba en lugar de la venganza y por ello cesó en la práctica de las torturas que día a día ejecutaba al recordar a sus seres perdidos.

Immaculée explicó brevemente la historia del genocidio en Ruanda y su relación con las etnias tutsi y hutu. Dijo ignorar las raíces del conflicto armado colombiano y quizá le hubiera costado trabajo entender que, en el caso nuestro, no hay explicación alguna en diferencias raciales o religiosas, lo que lo hace aún más absurdo. Contó que muchos de los masacradores hutus habían estudiado en su misma escuela y eran vecinos de barrio; de hecho, el asesino de su familia era el padre de un compañero de clase. Comprendió que sus corazones fueron poseídos por un irresistible sentimiento de odio que los invadió hasta la locura y por ello los perdonó.

Paula Gaviria, directora de la Unidad para la Reparación de Víctimas de la Presidencia, agradeció la presencia de Immaculé en Colombia y dentro de sus reflexiones señaló que, a pesar de la importancia del perdón, este no podía ser impuesto. “Ahí justamente está el gran reto para encontrarlo. En el caso de Immaculée, es evidente que su formación espiritual influyó en su maravilloso gesto de perdón, pero, ¿cómo lograrlo en otras latitudes si es tan valioso?”, se preguntó Gaviria.

En Colombia ya tenemos la Ley de Víctimas que reconoció la responsabilidad del Estado con ellas, la obligación de indemnizarlas y atenderlas desde lo económico, lo sicológico y lo social. También un Marco para la paz en el que eventualmente podremos contar con una Comisión de la Verdad; pero la reconciliación quedará pendiente en la individualidad de cada una de las víctimas, así como de sus victimarios, porque el perdón no puede imponerse por ley.

En la cárcel que visitó Immaculee, el victimario ya había elaborado su proceso de arrepentimiento que concluyó con aquel bálsamo de perdón. ¿Cómo habría sido la historia si Immaculée no lo hubiese encontrado así? No lo sabemos. Pareciera que el perdón venía de antes pero es difícil suponerlo sin un correspondiente arrepentimiento. Quedó pendiente conocer la historia del hombre hutu victimario. Sin duda, no fue la cárcel el origen de ese sentimiento ni mucho menos las torturas que padeció.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, aprobado en 1966, prohibió toda propaganda en favor de la guerra y toda apología al odio nacional, racial o religioso que incite a la discriminación, a la hostilidad y a la violencia. Treinta años después, en Ruanda, el papel de la emisora de radio oficial, que llamaba “cucarachas” a los tutsis y pedía su exterminio, fue determinante en la masacre. Sería interesante identificar en Colombia la propaganda y el lenguaje de odio que día a día nos invade y encontrar esa fuerza espiritual que lleva al perdón.

Immaculée debió permanecer tres meses encerrada para escapar de la muerte. Francisco Giraldo, uno de los diputados del Valle del Cauca, secuestrado y asesinado por las Farc, al igual que Immaculée, perdonó a sus victimarios; pero a diferencia de ella, luego de cinco años de cautiverio, no sobrevivió. Sin embargo, su testimonio de reconciliación quedo inmortalizado en el último mensaje de supervivencia, en el que afirmó haber aprendido a perdonar a todos los que le habían hecho tanto daño y que la paz tenía que empezar dentro de nosotros mismos.

Al concluir el foro Immaculée habló de esperanza y dijo que su sufrimiento había tenido un sentido que buscaba compartir con la humanidad. En el año 2003, el entonces director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Colombia, Alfredo Witschi Cestari, otro ser de luz que pasó por nuestras tierras y desafortunadamente ya no nos acompaña en esta dimensión, al presentar el Informe Nacional de Desarrollo Humano, manifestó que la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido. Quizá por este sentido y esta esperanza tituló aquel trabajo como: “El Conflicto, callejón con salida”. Sin duda, las obras y los gestos trascienden la vida de los seres humanos.

Caterina Heyck, Semana
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